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Algunas relaciones y otras leyendas
El nuevo libro de Viejos Tesoros
Circulan por ahí innúmeros cuentos, consejas e informaciones, que supuestamente, servirían de guia para descubrir tesoros,  que han permanecido ocultos en espera del afortunado que pueda rescatarlos, por desgracia, la mayoría de esas informaciones, están supeditadas al extendido infundio de ánimas y espantos que según parece, se han echado a cuestas, el deber de proteger aquellos tesoros y entregarlos, solo a personas escogidas, porqué y por quien, son escogidos los afortunados, nadie lo sabe, solo se da por sentado que, “las ánimas tienen el deber y el derecho”  de vigilar que se cumpla el encargo, de entregar a buenas manos (?) el protegido tesoro.

Trataremos de revisar algunas de esas relaciones, no sin antes aclarar, que algunas de ellas, ya han sido buscadas y o no se encontró el lugar preciso, o nunca existió “el entierro”.

Son numerosas las relaciones espurias, que circulan por ahí, a pesar de ser meras fantasías, no podemos menos que admirar, la imaginación con que fueron escritas, haciendo gala de datos y detalles que bien parecen genuinos, debido a eso, algunos prospectores, han erogado importantes sumas y esfuerzo, para comprobar a la postre, que todo fue infructuoso.

Es muy difícil, incluso para conocedores, poder distinguir donde principia y termina la ficción.

He tenido en mi poder, gran número de ejemplares  de esos escritos y tuve la oportunidad de revisar gran número, escogí algunos de los que me parece interesante comentar.

La mayoría de documentos sobre el particular, que han estado a mi alcance, son meras copias y por ese particular sufrieron modificaciones, con el afán de mejorar su apariencia o legilibilidád, fueron reproducidos, sin respetar al pie de la letra el contenido, ciertos datos importantes se modificaron y la información quedó así disfrazada, no obstante, he logrado recomponer algunos, a mi juicio, los documentos recuperaron la mayor parte de su original significado.

RELACION DE LA ESTRELLA

En el cerro de La Espiga, que queda al frente de Pajacuarán, relación de la estrella.

Como señas de esa cueva, quedó una estrella grabada en la piedra, ahí está la entrada de la cueva, donde estuvimos guardando dinero, durante siete años y hay tanto dinero amontonado, que se mantendría todo Pajacuarán, mientras vivieran todas las gentes de ahí, después de tapar la puerta con unas lajas, abrimos un hoyo a medio reliz, por donde salimos afuera, colgando de unas riatas que amarramos a un encino muy viejo, en caso que se perdieran esas señas, los primeros rayos del sol, en el mes de mayo, dan en la mera puerta.

Las piedras que tapan la entrada, las movimos con cuarenta hombres y ahí en esa puerta se grabó la estrella.   Martín Toscano 1709.

Esta relación, estaba en poder de los hermanos Rubén y Arcadio, quienes son originarios de la región, decidimos ir en su busca y nos apersonamos en el pueblo, que a la sazón celebraba la fiesta del Santo Patrono, sin más preámbulos, nos encaramamos al cerro en cuestión, encaramar es la definición correcta, el tal cerro, solo es accesible por veredas tan empinadas, que más bien son aptas para el tránsito de cabras, en unos quince minutos de ascensión, estábamos a tal altura, que el pueblo entero se dominaba desde ahí, nos divertimos un rato, observando a la gente a través de prismáticos ir y venir por doquier, animados por el jolgorio de la fiesta, por cierto, desde donde estábamos era una escarpadura casi a plomo y tan cerca de las

Construcciones, que si hubiéramos tirado piedras estas caerían en la cocina de las casas cercanas, casi al llegar a la cima, mi hijo Hector, descubrió un esqueleto humano, acomodado en un hueco horadado en la roca, no había vestigios de ropa ni calzado, ningún objeto que nos permitiera aventurar, a pensar que persona sería el propietario de los huesos, proseguimos camino sin tocar nada, nos extrañó que no se hubiera recogido la osamenta, sin duda el difícil tránsito por esos andurriales, era factor determinante para que muy pocas personas deambulasen por ahí.

Dos horas más tarde, después de almorzar, decidimos que estábamos tan cansados debido a lo escarpado del terreno, que bien justificado era dar por terminada la exploración, no habíamos localizado ninguno de los puntos de referencia,  el área se tornaba más difícil aún.

Bajamos al pueblo donde la fiesta seguía en grande, llegamos a una tienda para tomar algún refresco, tocó la suerte que el refrigerador para Coca Cola, estaba repleto de cerveza Estrellita y estas aceptablemente frías, bien pronto cada uno, sostenía en su mano una botella del refrescante brebaje, discurríamos animadamente saboreando nuestra bebida, un jinete se acercó tratando de calmar a su montura, quien sumamente nervioso caracoleaba sin cesár, asustado por los truenos de los cohetones, pasada la tanda de estampidos y el noble corcel en paz, el jinete desmontó, para después de saludarnos cortésmente, destapar “una fría.”

Se notaba que el hombre “andaba a medios chiles”, (medio borrachito), contagiado del alborozo inherente a los eventos festivos, se dirigió a nosotros, inquiriendo si nos había gustado la celebración y el motivo de nuestra apariencia “terrosa”, Arcadio explicó al preguntón, que debido a que él y su hermano son oriundos del pueblo, andábamos recorriendo el lugar, para conocer el cerro, al enterarse que los compañeros son sus “paisanos,” el recién llegado entró en confianza y pronto afloró algo de la característica fanfarronería, de los que “son machos cabales”, con un dejo de suficiencia, ordenó al encargado:  “Destapa cerveza para todos”, con marcada destreza, el aludido nos proveyó de las suficientes botellas del sabroso líquido.

El caballero, queriendo mostrar su amistad, insistía en no dejar descansar al destapador y una tras otra se nos servía la fresca bebida, sin duda, aquél nos subestimó, creyendo que no seríamos capaces de ingerír gran cantidad de líquido, al darse cuenta de nuestra buena voluntad a favor de la bebida, empezó a inquietarse  visiblemente y llamando aparte al encargado del expendio, le susurró, Juanito, hazme la cuenta, ya me voy, “estos vales no tienen llenadero”, una vez cubierto el importe del gasto, el sorprendido invitadór, se despidió de nosotros pretextando que, “es hora de darle de comer a mi caballo”,  agradecimos su amistoso gesto y le reiteramos nuestra amistad, en tono socarrón le informé que más tarde, lo buscaríamos “para echarnos otras”, obvio es decir que, ni a el ni a su caballo volvimos a ver.

RELACION DE LOS IZOTES

En el cerro de la ermita, se medirán cuarenta varas del pie de los izotes más gruesos y más viejos, a donde el sol sale y ahí se buscará una piedra, que tiene grabada una cruz y un barreno y abajo está un cargamento de barras de oro y plata.

A treintaicinco varas, a donde el sol sale, se buscará una piedra calzada con piedras chicas y abajo de esa piedra, está otro entierro de barras de oro.

RELACION DE LA BARRANCA DE SAN CAYETANO

En la boca de la barranca, al entrar a mano derecha, se busca una cueva que tapamos con una laja y no tiene más de seis metros de hondo, ahí está un atajo de cuarenta mulas en dinero.

RELACION CON FECHA VENTICUATRO DE OTUBRE DE MIL OCHOCIENTOS ICUARENTISEIS

En el nombre de DIOS, voy a dar este tesoro que dejé sepultado en el cerro de Tequila, desde el año milochocientos i quince.

I nos cambiamos pal cerro de los cuartos y con objeto de las caridades que Eduardo Verdín ha hecho conmigo, andando yo de prisionero en la agua y él de sargento primero, en el buque que le nombran “El aguerrero”,  es mi voluntad dar este tesoro, para descargar mi conciencia y alcanzar el perdón, doy señas particulares que en el cerro de Tequila, al lado de la cienda del Carmen, está un arroyo que le llamamos “el saucillo”, por el mismo arroyo está el tesoro en una cueva, hay señas suficientes.

Parado en la boca del arroyo con este papel en la mano, informará de la primera seña, un corral de piedra con unos camichines en redondo, es la primera señal, subiendo más arriba, está un ranchito con aguacates, el ranchito ya no estará pero los aguacates deben de estar.

Y sigue más arriba y está un salto donde hace chorro el agua y unas matas de jocoiste, más arriba está una cuchilla mocha, por el arroyo que sigue a la derecha, donde dividen dos arroyos que hay le nombramos los lavaderos, son tres y cada uno tiene debajo, una botija llena de dinero esquinado.

Puesto con la frente para la cuchilla mocha, por el arroyo que sigue, está un paredón alto mirando para Chapulimita, a medias del paredón, está un arco que le nombramos la cocina, que ahí habitaban las mujeres, pero no hay que hacer aprecio de eso, se sigue el arroyito que se corta a la izquierda, a poco andar de los lavaderos, encontrarán un ojo de agua, al pie de un paredón que está mirando para onde el sol sale, estando uno en el ojo de agua, alzarás la vista para arriba y verás la puerta de la cueva, con un zacatón de malinal que le nombramos, cubriendo  la puerta de la cueva que no se ha de ver muy bien.

 

Arriba hay un ocotál con un roble a dirección de la cueva, que son señas suficientes para que no se equivoquen, lo primero que encontrarán es un Santo Cristo y un centinela que es el encargado del tesoro, en la mediación de la sala está el dinero, hasta el rincón de ese esquinado y Fernando, por un lado está una trincha de aparejos y al otro lado hay armas de fuego.

Para sacar ese dinero, se formará una comisión de tres hombres con armas, al llegar a la puerta tendrán que tirar unas descargas para adentro y con la mayor violencia tendrán que cargar sus armas y meterse con seguridad y aprenderán al centinela diciéndole estas palabras:

“En el nombre del rey date por preso y entréganos todo lo que tienes a tu cargo”, luego lo fusilarán como si estuviera vivo dándole tres balazos, los restos los han de echar en un costál y los sacarán para afuera, con el Santo Cristo y los huesos los sepultarán en un camposanto, al sacar al santo Cristo y a los huesos para afuera, uno de los compañeros se quedará con arma cuidándolos y dos se meterán en la cueva y sacarán lo que quieran con confianza, pueden llevar en que traerlo y recomiendo a la comisión, le lleven una parte al Sr. Del Altar Mayor del pueblo de Ahualulco y unas misas a las ánimas y no más.

Firmado de Francisco Malagon.

Esta última relación, la estudié y la he analizado repetidamente, comprobé en el lugar mismo, durante las repetidas veces que fuimos al sitio, que la mayoría de las señas consignadas en la relación, coinciden al pie de la letra con los puntos de referencia físicos, la información sobre las fechas y la clase de moneda también coinciden, según el escrito, los hechos se desarrollaron durante el reinado de Fernando VII y ciertamente, en esas fechas circulaban las monedas que fueron popularmente conocidas como “Fernandos”,  “pesos cuadrados”  o  “dinero esquinado.” Encontramos también el tipo de vegetación mencionado, incluyendo “el zacatón” como cosa curios, notamos que este vegetal, solo crece en las zonas adyacentes a los lugares consignados en la relación.

Cuando visitamos el área, habían transcurrido cuando menos cien años, después de la fecha de los acontecimientos narrados en la relación, debido a que en la zona, las lluvias son particularmente abundantes, el suelo sufre modificaciones de mucha consideración, después de cada “tormenta,” es pues lógico considerar, que la topografía de la región, guarda muy poca semejanza a lo que fué en aquellos años, sin dejar de tomar en cuenta, la gran cantidad de “señas”, que localizamos, considero que encontrar la cueva, es punto menos que improbable, las avenidas por los arroyos, con seguridad han quitado particularidades y agregado algunos otros, a los accidentes de toda el área.

Revisamos repetida y concienzudamente y no nos fue dado descubrir, ni siquiera trazas de la cueva.