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Feliciano el taquero
Viernes 01 de Mayo de 2009 23:24

La época de lluvias en Guadalajara México, es particularmente abundante en precipitaciones, durante algunas tormentas, la velocidad de los vientos, se incrementa apreciablemente, numerosos árboles sufren los efectos destructivos de los elementos, con frecuencia, algunos grandes vegetales se ven despojados de gruesas ramas, incluso, en no pocos casos, el árbol completo, se ve obligado a pagar tributo a la naturaleza, e aquí que, el otrora enhiesto vegetal sucumbe ante la fuerza de los embates de los fuertes vientos, pronto tendremos la desagradable experiencia, de comprobar que, el majestuoso árbol, yace desarraigado estorbando el paso de peatones y vehículos.

El episodio que nos ocupa, tiene mucho que ver con ese aciago incidente; sucedió que en la confluencia de concurridas calles, a la sombra de corpulenta Parota, instalaba su vendimia un conocido vendedor de tacos, por nombre Feliciano, el hombre, a duras penas lograba sobrevivir gracias a la venta de su mercancía, el diligente taquero, madrugaba para dar servicio a tempraneros trabajadores de una fábrica cercana, los sabrosos tacos eran consumidos “in situ”, por los apurados transeúntes, que se daban prisa para presentarse a tiempo a sus respectivas labores, el diligente taquero, se daba maña para atender con la prontitud necesaria a sus clientes, a quienes conocía por su nombre, debido a que, durante mucho tiempo, se había presentado sin faltar en el mismo sitio, para servir el improvisado desayuno, a quienes confiaban que , los tacos calientes estarían a su disposición, servidos por el diligente Feliciano el taquero, por muchos años, la familiar escena protagonizada por el eficiente comerciante, sirviendo su mercancía, fue común y corriente, para los numerosos peatones y automovilistas que discurrían por la transitada vía.

Así las cosas, una ventosa mañana del mes de Junio, los acostumbrados clientes comprobaron desorientados con sorpresa y desagrado que, su otrora oportuno proveedor, no estaba en su sitio, solo se veían las ruedas y pedazos de madera, pertenecientes al carrito con ruedas de bicicleta, donde el diligente Feliciano transportaba sus mercancías, tacos, salsas, servilletas y todos los enseres propios de la vendimia, desparramados por el suelo, el taquero Feliciano, no se encontraba en el sitio de costumbre, como lo había hecho durante tantos años sin falta, incluso “domingos y días festivos”, no faltó quien, ante la tremenda incertidumbre, diera aviso a las autoridades y puestos de socorros médicos, en busca de informes sobre el paradero del faltante, todas pesquisas resultaron nulas, nadie sabía el paradero del desaparecido, algunos externaron sus temores de que quizá el infortunado, pudiese haber estado bajo la sombra del gigantesco árbol y en el momento en que el enfurecido vendaval se encargó con saña de derribar el añoso vegetal, por desgracia, el taquero hubiese estado al alcance del voluminoso tronco y hubiera perecido, mas, su cuerpo no estaba debajo de los escombros, no volvió a saberse del paradero del infortunado, ni autoridades ni vecinos podían informar del paradero del individuo.

Los encargados del ornato público se dieron maña para enderezar sobre sus raíces, al derribado, en atención a que el añoso árbol era el único sobreviviente, de numerosos y corpulentos arboles que, antaño poblaban extenso y cuidado huerto que formaba parte de la propiedad de la antigua, “Hacienda de Los Vidrio”; el rescatado árbol se negó a morir y se ha dado maña para echar algunos verdes retoños, en recompensa a los esfuerzos de sus benefactores, al ponerlo en pie.

No se cuanto tiempo pasó, desde el incidente que causó la desaparición del añorado Feliciano, algunos de sus clientes quizá lo hubiesen ya olvidado, sucede que Arturo y yo, caminábamos para cruzar la plaza de la liberación, un señor bien vestido, aun que no puede decirse que elegante, discutía a voz en cuello con uno de los aseadores de calzado, que prestan sus servicios por ahí, la sonoridad de las voces nos llamó la atención y sin querer nos dimos cuenta de la querella, mi compañero, instintivamente se dirigió hacia los contendientes, con el ánimo de terciar tratando de inducir concordia, afortunadamente, los rijosos prestaron atención a los argumentos de mi amigo y muy pronto depusieron su ardiente belicosidad, una vez calmados los ánimos, llamé aparte a mi acompañante y le hice notar que, el rijoso llamativamente vestido, me parecía conocido, comenté agregando que, me recordaba al desaparecido taquero de la Avenida Del Sur, Arturo, después de examinar disimuladamente al individuo, convino en que, en efecto, el caballero, es, nada menos que, el desaparecido a quien todos daban por muerto, restablecida la calma, el recién identificado se encaminó hacia nosotros, para dar las gracias a mi socio, quien comedidamente declinó todo mérito, pero aprovechó la oportunidad para preguntar al harto conocido personaje, la razón de su tan repentina desaparición, el interpelado, no tuvo empacho en entablar conversación, puesto que era conocido de Arturo desde mucho tiempo, ni tardo ni perezoso, en pocas palabras nos puso al tanto, del afortunado incidente que lo obligó a retirarse del negocio de venta de tacos en la vía publica.

Entrando en detalles, nos informó que, sin duda, La Providencia había querido socorrerlo en abundancia, aparte del gran susto, no le había costado mucho esfuerzo hacerse de considerable fortuna, sucede que, como todos los días, ocurrió de madrugada al acostumbrado sitio, donde tanto tiempo se había instalado ofreciendo sus sabrosa mercadería, faltaban pocos pasos al sitio, cuando gran estruendo lo sacó de sus pensamientos, al levantar la vista, comprobó que el gran árbol se inclinaba peligrosamente, finalmente, en pocos instantes, se desplomaba al suelo en medio de torrentes de tierra mojada y ensordecedor estruendo, afortunadamente, el desplome, ocurrió en sentido opuesto a donde el narrador se encontraba, por suerte, solo le alcanzaron unas pocas ramas pequeñas y tierra sobre su cabeza.

Después de momentos de estupor, a poca distancia donde había permanecido prácticamente congelado, la forma de un gran cántaro de barro, se presentó perfectamente discernible en medio de la tierra suelta, que otrora diera sustentación al corpulento árbol, al sentir que, el peligro sin duda había pasado, gracias a fuerte impulso, que más tarde resultó afortunado, haciendo uso de un palo a manera de herramienta, nuestro informante se atrevió a hurgar la tierra alrededor del descubierto cántaro, de momento, pensó llevarlo a casa para usarlo como vasija, cuando hubo removido suficiente tierra alrededor, quiso levantarlo, el artefacto se partió en dos, eso puso al descubierto el contenido del implemento, además de tierra suelta, ante los azorados ojos del afortunado, aparecieron relucientes monedas de oro, en suficiente número para, según el decir de nuestro informante, para permitirle recuperar a su exigente esposa, quien, hacía seis años lo había abandonado, debido a que el trabajador taquero, “siempre andaba mantecoso y desarreglado”.

El suertudo, recogió puñados de monedas y las puso en un saco de costal, con mucho esfuerzo subió el saco sobre su carrito de bicicleta, el artefacto no soportó el tremendo peso y se desbarató desramándose en numerosos fragmentos, es así como los concurrentes encontraron el vehículo, con no poco esfuerzo, arrastró el saco hasta su cercana casa; más tarde, el afortunado buscó a su consorte, a la vista de la inesperada fortuna, la dama depuso su hostil actitud, huelga decir que, la reconciliación se llevó en términos por demás satisfactorios, la otrora desdeñosa dama, no dudo en aceptar de nuevo a su galán, quien se presentó “bien vestido” y oliendo a “varón dandi”, compró  costosa residencia en barrio elegante y acompañado de su recién recuperada consorte, se dedicó a viajar y darse gran vida.

Después de la prolija información por parte del afortunado, no nos quedó la menor duda de que, quedaba bien justificado, el que el hombre, sin duda podría reconocerse como, “Feliciano el ex taquero”.         

Última actualización el Lunes 29 de Junio de 2009 18:33